La disrupción del negocio de la música

En la última década, la tecnología ha transformado completamente la industria de la música y ha redefinido la naturaleza del trabajo realizado por muchas personas.

Originalmente, la música solo podía ser escuchada durante la interpretación en vivo de los artistas. La invención del fonógrafo crearía una gran     controversia en relación al efecto que éste podría tener en el interés que la que el publico podría tener en seguir asistiendo a espectáculos de música en vivo. A continuación sería la emisión de música en las radios lo que pondría en duda el negocio que se había creado en las ventas de vinilos. La aparición del casete haría que el negocio volviera a revolucionarse, seguido por el CD, el mini disc (que no alcanzó a tener gran repercusión) y el DVD. Creaba un gran negocio alrededor de cada formato físico que era lanzado al mercado. Por un lado, en la producción, distribución y venta de los dispositivos reproductores. Y por otro, por la generación o grabación de los  fonogramas y la explotación de los derechos de la obra sus ventas, generando ingresos al colectivo del negocio de la música compuesto por autores e intérpretes, compositores y compañías discográficas que hacían posible la obtención y distribución de los fonogramas y jugaban un papel fundamental en la promoción de los artistas y el éxito que estos pudieran alcanzar.

La disrupción de este modelo de negocio, mantenido con cierto equilibrio durante muchos años, vendría con la aparición del formato mp3 y su difusión a través de internet. A partir de aquí, se perdería el control sobre la distribución de las obras de los artistas.

Lo cierto es, que en este nuevo contexto la música es mucho más accesible a todo el mundo y  los formatos físicos dejan de tener sentido y, como ocurre con el cine o la obra literaria, un gran porcentaje de la música es ahora “compartida” y no “comprada”. Esto ha generado una drástica reducción de la fuente de ingresos del sector de la música.

Como en muchos otros negocios, internet ha revolucionado las reglas de juego y a las compañías no les queda otra opción que adaptar y redefinir el modelo utilizado hasta ahora. Si bien los artistas pueden hoy en día promocionar y distribuir ellos mismos sus obras a través de la infinidad de opciones que ofrece internet y las nuevas tecnologías eliminando los costes de los intermediarios, si intentarán hacer ellos mismos todo el trabajo estarían perdiendo gran parte del negocio y no serían capaces de explotar todas la posibilidades que su producto puede ofrecer. Estas posibilidades van desde los shows en vivo (la mayor fuente de ingreso de la industria en la actualidad), pasando por los tonos para móviles, la utilización de la música con fines de lucro por otros, etc; y por supuesto, la venta de canciones. Si bien, no es necesario que toda esta actividad se agrupe en grandes compañías o sellos discográficos como ha ocurrido en el pasado, es necesario que en el negocio existan más actores que los autores, artistas e intérpretes y el público en general.

Ahora bien, la pregunta que se plantea ahora es ¿cómo hacer que el negocio siga siendo rentable y sostenible en el tiempo para el conjunto de integrantes de la industria dentro del nuevo modelo de negocio? Las soluciones implementadas en las últimas décadas para salvaguardar las propiedades intelectuales y los derechos conexos han sido tachadas de injustas y han tenido un sin fin de detractores, movidos algunas veces por intereses propios y otras por mera convicción. Tal vez la respuesta pase por una lucha conjunta con la colaboración de los proveedores de internet, incluyendo un nuevo participante en un negocio cada vez menos rentable.

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Un pensamiento en “La disrupción del negocio de la música

  1. Ciertamente en los pocos años que lleva el acceso masivo del publico a internet, los titulares de derechos intelectuales sobre ese bien intangible llamado “musica grabada” (que incluye a autores de la letra y la musica, conocidos tambien como compositores, que son quienes en el pentagrama crean la obra musical; los artistas interpretes o ejecutantes que son quienes interpretan y ejecutan esas obras; y, los productores de fonogramas, o aquellos bajo cuya inciativa, inversion y riesgo se fijan los sonidos de una interpretacion o ejecucion, para que puedean ser reproducidos y comunicados tantas infinitas veces como lo desee el público) han visto disminuido sus ingresos por la disminucion de unidades de soportes fisicos comercializados.
    Como asi tambien, nunca antes ha tenido este colectivo que enfrentar tanta oposicion a las iniciativas de proteccion a sus bienes intelectuales. Sea por oportunismo (como los movimientos fomentados por ciertos vendedores de contenido que pretenden acceder a los mismos en forma gratuita para seguir vendiendolos al mismo precio que hoy) o, simplemente, por ignorancia (pues cierto sector que accede a los bienes no ha evaluado el trabajo de quienes intervienen para que exista un producto final: el fonograma).
    Ante esta realidad, en los ultimos años han tomado acciones dirigidas a preservar el negocio.
    Por un lado, han solicitado y obtenido en muchos paises proteccion adecuada para los usos en la red. Mientras por el otro han apostado a explicar al publico consumidor de musica el alcance del avasallamiento que han venido sufriendo, sobre todo las consecuencias que en la creacion de nuevas y mejores musicas, podria llevar el empobrecimiento de los actores intervinientes en la cadena.
    Y, han vuelto decididamente la mirada hacia las sociedades de gestion que, colectivamente, gestionan las remuneraciones por los usos secundarios de la musica.
    Al tiempo que los titulares y sobre todo los miembros de la industria han comprendido acabadamente que no son vendedores de envases (pues los soportes materiales no son otra cosa) y han vuelto a la raiz del negocio: producir musica. Cada vez mas y mejor!
    Pues entre ese mismo publico que hoy goza gratuitamente del trabajo de otros conviven quienes han sabido comprender que ese trabajo debe ser remunerado.
    Asi, los Black Eyes Peas o Adele han vendido millones de copias fisicas asi como millones de fonogramas en la red, por citar dos que han sobrepasado todas las espectativas.
    De eso se trata el negocio: de producir musica.

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